El cine de terror encontró un nuevo laberinto del que es imposible escapar. Backrooms, la película basada en el famoso creepypasta de internet, llegó para demostrar que no se necesitan monstruos gigantes ni litros de sangre para poner incómodo al público. Basta un pasillo amarillo, luces fluorescentes zumbando y un silencio que poco a poco comienza a meterse en la cabeza.

Dirigida por Kane Parsons y producida por A24, la cinta transforma algo aparentemente simple en una experiencia psicológica bastante pesada que logra hacerte sentir atrapado junto a los personajes.

Desde los primeros minutos, la película juega con esa sensación extraña de estar en un lugar “normal” que simplemente no debería existir. Oficinas interminables, habitaciones repetidas, alfombras húmedas y paredes amarillas forman un entorno absurdamente incómodo. Todo parece familiar… pero incorrecto.

Uno de los mayores aciertos de Backrooms está en el apartado visual. La iluminación fluorescente constante genera cansancio visual y una sensación de ansiedad permanente. Hay escenas donde los personajes simplemente caminan entre pasillos infinitos y aun así resulta imposible relajarse. El espectador comienza a buscar algo raro en cada esquina aunque no esté ocurriendo nada.

Y justamente ahí entra el verdadero protagonista de la película: el sonido.

El diseño sonoro es brutalmente efectivo. El zumbido industrial de las lámparas, los ecos lejanos, pasos distorsionados y silencios incómodos terminan envolviendo completamente la sala. Hay momentos donde el audio provoca más tensión que cualquier aparición visual. La película entiende perfectamente que el miedo más fuerte muchas veces nace de lo que no vemos.

Ese manejo psicológico hace que varias escenas provoquen una sensación genuina de desesperación. La cinta juega constantemente con la paranoia, la desorientación y el miedo a perderse en un lugar infinito. Conforme avanza, la realidad parece deformarse más y más, creando situaciones absurdas y creepy que logran hacer que el espectador literalmente se estremezca en el asiento.

A diferencia del terror convencional, aquí no existe una amenaza clara durante gran parte de la historia. Lo aterrador es sentir que el espacio está vivo, que algo no funciona correctamente y que en cualquier momento podría aparecer algo detrás de un pasillo eterno.

Muchos críticos ya la comparan con películas como Skinamarink y The Blair Witch Project por su manera de construir terror desde la atmósfera y la incomodidad psicológica.

Backrooms no es una película para quienes buscan sustos fáciles cada cinco minutos. Es una experiencia lenta, rara y profundamente inquietante que juega con los miedos más básicos del ser humano: quedarse solo, perderse y sentir que la realidad dejó de tener sentido.

A partir de este 27 de mayo, la película ya puede disfrutarse en todas las salas de cine de México y definitivamente es una experiencia que ningún fan del terror psicológico debería perderse en pantalla grande, donde su espectacular diseño sonoro y visual logra envolverte por completo.