Con un Escenario GNP Seguros completamente lleno, la banda repasó sus grandes clásicos y demostró que sigue conectando con varias generaciones casi 40 años después de su nacimiento.

Hay canciones que nunca envejecen. Basta con escuchar los primeros acordes para que regresen recuerdos, etapas completas de la vida o simplemente las ganas de cantarlas a todo pulmón. Eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del sábado 23 de mayo, cuando Fobia regresó a Monterrey para ofrecer un concierto que terminó convirtiéndose en una celebración del rock mexicano.

Desde antes de que comenzara el show, el ambiente alrededor de Pabellón M ya se sentía especial. Los alrededores estaban llenos de seguidores esperando el momento de entrar, mientras dentro del recinto las conversaciones giraban en torno a canciones favoritas, discos clásicos y recuerdos de otras visitas de la banda a la ciudad.

A las nueve de la noche se apagaron las luces y el público explotó. Los acordes de “Veneno Vil” marcaron el inicio de una presentación que durante más de dos horas mantuvo a las más de cuatro mil personas completamente entregadas.

Lejos de sentirse como una banda que vive de la nostalgia, Fobia sonó fresca, sólida y con una energía que muchas agrupaciones más jóvenes quisieran tener. Desde los primeros temas quedó claro que el grupo llegó dispuesto a tocar fuerte y a consentir a sus seguidores con un recorrido bastante completo por su catálogo.

Canciones como “No eres yo”, “Plástico” y “Pesadilla” provocaron algunos de los primeros coros masivos de la noche, mientras que otros temas más oscuros y experimentales permitieron que apareciera ese lado peculiar que siempre ha distinguido a la agrupación dentro del rock nacional.

Uno de los grandes aciertos del concierto fue el sonido. Todo se escuchó limpio y potente, permitiendo disfrutar tanto de la contundencia de la batería de Elohim Corona como de las atmósferas creadas por los teclados y sintetizadores de Iñaki Vázquez. Cada instrumento encontró su espacio y eso ayudó a que las canciones sonaran tan bien como en los discos, pero con la fuerza adicional que sólo da el escenario.

Al frente, Leonardo de Lozanne mostró el carisma que lo ha acompañado durante décadas. Entre canciones se tomó el tiempo para platicar con los asistentes y agradecer el cariño que la banda siempre ha recibido en la ciudad. Uno de los momentos más celebrados llegó cuando recordó la estrecha relación de Fobia con Monterrey al afirmar que aquí nacieron algunos de sus primeros seguidores, comentario que fue recibido con una ovación inmediata.

Conforme avanzó la noche, la emoción fue creciendo. El público respondió a cada canción como si fuera el gran éxito de la noche, pero hubo momentos que destacaron especialmente. “Dos Corazones” convirtió al recinto entero en un gigantesco coro, mientras que “Hoy tengo miedo” provocó una de las postales más emotivas del concierto, con cientos de celulares iluminando el lugar mientras todos cantaban cada palabra.

Para el cierre llegaron temas infalibles como “El Microbito” y “Vivo”, que terminaron de desatar la euforia de los asistentes y pusieron punto final a una presentación que dejó sonrisas por todos lados.

Lo mejor de la noche fue comprobar que Fobia no necesita recurrir únicamente a la nostalgia para llenar un recinto. La banda sigue sonando vigente, sigue divirtiéndose sobre el escenario y, sobre todo, sigue generando esa conexión especial con el público que pocas agrupaciones logran conservar después de tantos años.

El resultado fue una noche de esas que se disfrutan de principio a fin: buena música, canciones que todos conocen y una banda que sigue demostrando por qué ocupa un lugar privilegiado en la historia del rock mexicano.