Niños enfrentan una realidad marcada por el miedo, la pérdida y la incertidumbre en Medio Oriente, donde la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha dejado cientos de menores muertos, heridos o desplazados, según reportes de UNICEF.
Los testimonios recopilados reflejan el impacto directo del conflicto en la infancia. Michael, un niño que murió durante un ataque a una escuela en Irán, se despidió de su madre antes de salir de casa, en una imagen que se convirtió en el último recuerdo familiar.
En Líbano, Qaseem, de 12 años, relata cómo los bombardeos han cambiado su vida cotidiana. Describe las explosiones como “un monstruo aterrador” y confiesa que ya no puede dormir solo por las noches, mientras su madre intenta tranquilizarlo aunque también siente miedo.
El conflicto ha provocado el desplazamiento de más de un millón de menores en la región, quienes viven en condiciones precarias, muchas veces sin acceso a agua potable, educación o servicios médicos básicos.
En Gaza, la situación es aún más crítica. Familias enteras sobreviven en tiendas improvisadas, expuestas a plagas y enfermedades. Un caso que ilustra esta crisis es el de un bebé atacado por animales dentro de un campamento, lo que evidencia el nivel de vulnerabilidad en el que viven miles de niños.
Especialistas advierten que, más allá de las pérdidas humanas, la guerra está dejando secuelas profundas en la salud mental de los menores, afectando su desarrollo emocional y psicológico a largo plazo.
A pesar de todo, los niños expresan un deseo simple: vivir en paz. “Quiero tener miedo por un examen, no por los bombardeos”, dice Qaseem, resumiento el anhelo de una infancia normal.






