El investigador Anatolii Doroshenko realiza inspecciones periódicas en los túneles subterráneos del reactor 4 de Central Nuclear de Chernóbil, una zona altamente contaminada por radiación desde el accidente de 1986.

Su labor consiste en monitorear equipos, recolectar muestras y analizar el estado del combustible nuclear, en espacios donde los niveles radiactivos obligan a permanecer solo unos minutos.

El especialista recorre un complejo sistema de pasillos y salas que sobrevivieron a la explosión, descrito como un laberinto bajo tierra donde todo, desde el aire hasta las superficies, presenta contaminación.

En algunas áreas, la exposición es tan elevada que debe completar tareas en menos de cuatro minutos, mientras que otras resultan inaccesibles.

El sitio contiene formaciones de corio, como la conocida “pata de elefante”, generadas tras la fusión del material nuclear con estructuras del reactor.

Actualmente, se estima que unas 200 toneladas de combustible permanecen en el interior, cubiertas por estructuras de contención diseñadas para evitar fugas durante décadas.

Para ingresar, utiliza equipo de protección especializado y, al salir, pasa por estrictos procesos de descontaminación.

El experto afirma que el miedo es clave para mantenerse alerta, ya que perder la precaución puede resultar fatal en un entorno donde cualquier objeto puede estar contaminado.

-Emiliano Lira