Daniel Boaventura regresó a Monterrey para ofrecer una noche que quedará grabada en la memoria del público regio. El cantante brasileño conquistó el Escenario GNP Seguros este 4 de diciembre con un espectáculo pulido, emotivo y desplegado con la clase escénica que lo ha convertido en una figura querida en México.

El concierto inició con puntualidad quirúrgica. A las 9:00 p.m., el telón se abrió para dar paso a una introducción instrumental que preparó la atmósfera antes de la entrada del artista. Con energía y presencia, Boaventura abrió la velada interpretando “You’ll Never Find Me”, marcando desde el primer instante la línea estética y musical del espectáculo.

Antes de continuar con su repertorio, el cantante recordó su vínculo con el país. “Hace 10 años pisé México por primera vez… espero que canten conmigo esta canción”, expresó al presentar “Déjenme si estoy llorando”. La respuesta fue inmediata: un coro masivo que se extendió por todo el recinto y que anticipó la fuerza emocional que dominaría la noche.

A partir de ese momento, la presentación tomó un ritmo celebratorio. Con su característico tono elegante y relajado, Boaventura invitó al público a ponerse de pie. “Damas y caballeros… la pista está abierta”, anunció, dando paso a uno de los momentos más vibrantes del concierto. El auditorio entero se transformó en una pista de baile improvisada mientras sonaba un medley que recorrió himnos del funk, la música disco y el pop setentero. Entre los temas incluidos destacaron “Do You Think I’m Sexy”, “What a Fool Believes”, “Love Is in the Air”, “Dancing Queen”, “Never Can Say Goodbye”, “Celebration”, “Last Dance” y “September”.

El ambiente festivo dio paso posteriormente a un bloque profundamente emocional dedicado a la música mexicana. Para Boaventura, este repertorio representa un gesto constante de agradecimiento a un país que lo ha recibido con cariño desde su primera visita. Canciones como “Luz de Luna”, “Si Nos Dejan”, “La Bikina”, “Estos Celos” y “Así Fue” resonaron con fuerza entre los asistentes, que acompañaron cada interpretación con aplausos y voces que llenaron el recinto.

Originario de Salvador, Bahía, el cantante cerró la noche con la calidez que lo caracteriza, agradeciendo al público su entrega y el entusiasmo que acompañó cada momento del espectáculo. Monterrey respondió de la misma manera, despidiéndolo de pie, en una ovación que resumió el efecto de su música: elegancia, nostalgia y un sentimiento que permanece más allá de la última nota.}

Clara Bautista / El Nacional