Caifanes regresó triunfalmente a Monterrey la noche del 13 de noviembre, ofreciendo un concierto en el Auditorio Banamex que no solo reconfirmó su estatus de leyenda, sino que reafirmó la profunda huella que su música sigue dejando en nuevas generaciones. Ante un recinto completamente abarrotado, la banda tomó el escenario a las 9:35 p.m., desatando una euforia que no cesó hasta el último acorde.
Desde los primeros minutos, la química entre la agrupación y su público fue palpable. La noche avanzó no solo como un concierto, sino como un recorrido emocional a través de su vasta trayectoria, sostenido por una ejecución impecable. Lejos de necesitar artificios escénicos, la intensidad de la velada residió en la solidez musical y en la profunda conexión de los asistentes.
El setlist cumplió con el equilibrio esperado, mezclando la intensidad de sus himnos más poderosos con la densidad atmosférica de otros temas.
Piezas como “Miedo”, “Los dioses ocultos”, “Nubes” y “Viento” crearon ese espacio casi ritual que distingue sus presentaciones. El clímax llegó con “Afuera”, momento en el que el auditorio se unió en una sola voz, contrastando la pasión del público con la sobriedad de la banda en tarima.
Los éxitos infaltables “Pachuco” y “Te lo pido por favor” prepararon la explosión final con “La célula que explota”, levantando al público por última vez.
El adiós definitivo llegó con “La negra Tomasa”, interpretada con la mezcla de tradición y ritmo que ha convertido este tema en un sello de sus despedidas. La banda, visiblemente agradecida y en constante comunicación con sus seguidores, se despidió de Monterrey, dejando claro que su legado no es solo música, sino una ceremonia compartida que sigue vibrando con la misma intensidad.
Redacción / El Nacional








