Fotografía: Rubí Rosas

Monterrey fue testigo de una noche llena de ritmo, nostalgia y celebración el viernes 22 de agosto de 2025, cuando la Única Internacional Sonora Santanera subió al escenario de la Arena Monterrey para conmemorar sus 70 años de trayectoria musical. Más de dos horas de música en vivo hicieron vibrar al público, que no dejó que la lluvia interfiriera con el entusiasmo de la noche.

El concierto reunió a varias generaciones de seguidores, quienes corearon los clásicos que han convertido a la agrupación en un ícono de la música tropical mexicana. Canciones como “La Boa”, “Bonita y mentirosa” y “Perfume de gardenia” demostraron que, a pesar de las décadas, la Sonora Santanera sigue logrando lo que pocos grupos musicales: unir a hijos, padres y abuelos en una misma pista de baile.

La noche estuvo llena de sorpresas. Entre los invitados especiales estuvieron Erik Rubín y Kalimba. Además, Arturo Carmona y Melanie Carmona fueron los maestros de ceremonia de esta velada.

Uno de los momentos más aplaudidos fue cuando los músicos vistieron camisetas de Tigres UANL para interpretar “Bomboro Quiña Quiña”, demostrando su amor por uno de los equipos locales.

Con siete décadas de historia, la Sonora Santanera ha logrado mantener su esencia, adaptándose a los tiempos sin perder el estilo que la hizo famosa. Para los asistentes, fue más que un espectáculo, fue una fiesta que recordó el legado vivo.

La historia de la Única Internacional Sonora Santanera comenzó en 1955 en la Ciudad de México, cuando un grupo de jóvenes apasionados por la música tropical decidió unir sus talentos para interpretar ritmos caribeños con un toque único.

Fundada por Carlos Colorado, Roberto Román, Fernando Ochoa, Héctor Ochoa, Arturo Adame y José Luis González, la agrupación se inspiró en la Sonora Matancera de Cuba, pero pronto logró forjar un estilo propio, combinando trompetas, percusiones y armonías vocales que conquistaron los salones de baile y la radio mexicana. Desde sus primeros días, la Sonora Santanera se distinguió por su energía en el escenario y su capacidad de hacer que el público se moviera al compás de cada canción, sentando las bases de un legado que hoy cumple más de siete décadas.