Considerado un “tesoro” de 200 años, el Museo Nacional de Río de Janeiro, fue devastado el pasado domingo debido a un incendio, calculando una pérdida del 90% en “joyas” arqueológicas e históricas del Museo, ubicado en Brasil.
Para resolver algunas dudas que han surgido a partir del lamentable suceso, investigadores e ingenieros especializados en el tema realizan trabajos en la estructura del edificio y al mismo tiempo asegurar que los peritos que se encuentran dentro del museo puedan trabajar seguros.
Mientras tanto la policía federal investiga las causas del fuego en el museo, pese a las declaraciones del ministro de Cultura de Brasil quien sostiene que un globo aerostático casero, hecho de papel, que aterrizó en el techo fue lo que ocasionó el accidente.
Algunos lugareños señalan la negligencia oficial y dijo que las llamas probablemente empezaron por un cortocircuito o por falta de presupuesto, afirmando que los recortes por austeridad (cuando al mismo tiempo se gastaron fortunas en el Mundial de Fútbol o en los Juegos Olímpicos) condenaron el Museo a muerte.
También resaltaron los problemas que atraviesan los servicios públicos en el país, inicialmente los bomberos tuvieron problemas para contener las llamas porque las bocas de riego próximas al inmueble no funcionaban. En su lugar, hubo que llevar agua en camiones desde un lago cercano.
Las autoridades prometieron el lunes 2,4 millones de euros para apuntalar el edificio y se comprometieron a reconstruir el museo. Pero sus tesoros ya no están.
“Los que están diciendo que el museo será reconstruido no dicen la verdad”, manifestó Luiz Philippe de Orleans e Braganca, heredero del último emperador de Brasil. “El edificio podría reconstruirse, pero la colección nunca podrá reconstruirse. Doscientos años, trabajadores, investigadores, profesores que se dedicaron en cuerpo y alma (al museo)… el trabajo de su vida se quemó por la negligencia del estado brasileño”.
En cifras, el presupuesto del museo había caído de 130 mil dólares en 2013 a 84.000 el año pasado, según Marcio Martins, vocero del muse.
Para muchos en Brasil, el estado del museo de historia natural se convirtió rápidamente en una metáfora de lo que consideran la decadencia de la cultura y la vida brasileña tras años de corrupción, crisis económica y mal gobierno.
Redacción/ El Nacional






