Sobriedad, me estás matando no llega a pedir permiso ni a caer bien. La ópera prima de Raúl Campos se mete de lleno —y sin anestesia— en el tema de las adicciones con una comedia negra afilada, incómoda y brutalmente honesta. De esas que te hacen reír… y luego preguntarte por qué te estás riendo.
La película apuesta por un humor ácido que no romantiza la rehabilitación ni endulza el desastre. Aquí no hay discursos motivacionales ni finales fáciles: hay cinismo, caos y personajes rotos que dicen lo que no deberían decir. Para algunos, ese tono puede resultar excesivo o antipático; para otros, es justo lo que refresca al cine mexicano frente a la avalancha de comedias previsibles.
Octavio Hinojosa se avienta un protagónico intenso como Raffi, un personaje tan hiriente como humano, que incomoda porque se siente real. Alfonso Borbolla destaca como Trino, el amigo incondicional y el verdadero ancla emocional de la historia, mientras que Maya Zapata aporta el equilibrio necesario con un personaje más empático y aterrizado, evitando que todo se vaya al abismo.
Más allá de las adicciones, la película retrata a una generación atrapada en la “juventud eterna”: gente que posterga crecer, que se aferra a relaciones tóxicas y le tiene miedo al fracaso. Todo eso envuelto en risas incómodas y silencios que pesan más que los chistes.
Veredicto: si buscas algo ligero para apagar el cerebro, esta no es tu peli. Pero si te laten las historias que usan el humor para hablar de lo que duele y no se esconde, Sobriedad, me estás matando se perfila como una de las propuestas más interesantes del cine mexicano en lo que va del año. 🎬🔥






