Sin estridencias ni concesiones, Aún es de noche en Caracas propone una mirada directa y contenida sobre lo que significa habitar una ciudad donde la rutina se ha vuelto amenaza. Dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, la película apuesta por el thriller íntimo para explorar el miedo, el duelo y la pérdida del hogar.
Basada en la novela La hija de la española de Karina Sainz Borgo, la historia acompaña a Adelaida (Natalia Reyes), una mujer que, tras la muerte de su madre, intenta abandonar Caracas mientras el entorno se desmorona a su alrededor. La ciudad, lejos de ser un simple escenario, se convierte en una presencia constante que condiciona cada decisión.
El relato se vuelve más tenso cuando una milicia se apropia del apartamento familiar, obligando a la protagonista a desplazarse entre sombras, a ocultarse y a aprender nuevas formas de resistencia. La película evita explicaciones políticas directas y se concentra en la experiencia personal: el miedo cotidiano, la fragilidad del espacio íntimo y la sensación de no pertenecer.
En lo visual, predominan los espacios cerrados, la iluminación mínima y las noches prolongadas, elementos que refuerzan la idea de encierro y vulnerabilidad. Caracas aparece fragmentada, sugerida más por sonidos y ausencias que por imágenes abiertas.
El trabajo actoral sostiene esa tensión constante. Natalia Reyes ofrece una interpretación contenida y firme, acompañada por Moisés Angola, en un vínculo marcado por la desconfianza y la necesidad, y por Édgar Ramírez, cuya participación remite a una vida anterior que ya no es posible recuperar.
Tras su paso por festivales como Venecia y Toronto, Aún es de noche en Caracas llega hoy jueves a las salas de cine, consolidándose como una propuesta sólida dentro del cine latinoamericano reciente.
Conclusión: una película austera, inquietante y necesaria, que retrata la supervivencia no como heroísmo, sino como resistencia diaria frente a una noche que parece no tener fin.






