Cuba volvió al centro de la confrontación entre Washington y La Habana después de que el gobierno de Donald Trump difundiera un informe de 100 páginas en el que presenta a la isla como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos.
El documento, publicado el 20 de julio por el Departamento de Estado, sostiene que el gobierno cubano ha mantenido durante décadas actividades de espionaje, apoyo a movimientos revolucionarios y vínculos con sectores radicales de izquierda en Estados Unidos.
La administración Trump plantea que la influencia cubana no se limita a episodios de la Guerra Fría, sino que continúa en la actualidad y habría alcanzado distintos espacios de la política y el activismo estadounidense.
El gobierno cubano rechazó las acusaciones y calificó el informe como un “mediocre panfleto propagandístico”. El presidente Miguel Díaz-Canel también respondió que la historia entre ambos países debe interpretarse desde las agresiones que, según La Habana, Estados Unidos ha ejercido contra la isla.
Cuba vuelve a ser señalada como amenaza por Trump
El informe del Departamento de Estado lleva por título “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI” y plantea una interpretación de la historia cubana que conecta la Revolución de 1959 con diferentes movimientos políticos y sociales de izquierda.
El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió públicamente el documento y afirmó que prácticamente todos los grupos terroristas violentos y radicales de izquierda del hemisferio occidental habrían dependido en algún momento del respaldo cubano.
Rubio también presentó a Cuba como un Estado fallido ubicado a unas 90 millas de las costas estadounidenses y sostuvo que su territorio funciona como un espacio favorable para algunos adversarios de Washington.
El Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene desde hace décadas una postura crítica hacia el gobierno cubano, aunque la relación bilateral ha atravesado diferentes etapas. Washington y La Habana restablecieron relaciones diplomáticas en 2015, después de más de cinco décadas de ruptura.
El nuevo documento representa, sin embargo, una profundización de la narrativa de seguridad nacional impulsada por la administración Trump.

Cuba y la Guerra Fría aparecen en el argumento de Washington
Uno de los principales argumentos del informe consiste en recuperar el papel que Cuba desempeñó después del triunfo de la Revolución de 1959.
El Departamento de Estado sostiene que la isla se convirtió entonces en un centro de apoyo para movimientos revolucionarios y socialistas en América Latina y África. La Habana también recibió a personas perseguidas políticamente en diferentes países y tuvo vínculos con movimientos armados y organizaciones de izquierda.
Un episodio mencionado es la Conferencia Tricontinental de 1966, celebrada en La Habana, que reunió a movimientos políticos y revolucionarios de distintas regiones del llamado Tercer Mundo.
El historiador Michael Bustamante, de la Universidad de Miami, reconoce que la influencia cubana sobre la izquierda internacional después de la Revolución está ampliamente documentada. Sin embargo, cuestiona que esa influencia permita concluir que la isla constituye actualmente una amenaza existencial para Estados Unidos.
Según el especialista, uno de los puntos débiles del informe es que presenta una conexión demasiado directa entre acontecimientos de hace décadas y movimientos políticos contemporáneos.
La interpretación de Washington también atribuye a La Habana una influencia determinante sobre sectores del nacionalismo negro estadounidense. Bustamante considera que ese enfoque simplifica procesos políticos mucho más complejos y minimiza la autonomía de los movimientos estadounidenses.
Cuba también es acusada de espionaje en Estados Unidos
Otro de los elementos centrales del documento es la acusación de que Cuba desarrolló durante décadas una red de inteligencia capaz de penetrar instituciones estadounidenses.
El Departamento de Estado menciona casos de espionaje conocidos, entre ellos los de Víctor Manuel Rocha y Ana Belén Montes, ambos estadounidenses que terminaron declarando su culpabilidad por colaborar con los servicios de inteligencia cubanos.
Rocha, quien llegó a desempeñarse como embajador estadounidense en Bolivia, fue condenado a 15 años de prisión después de admitir que actuó durante décadas como agente cubano.
Bustamante reconoce que la capacidad de inteligencia de La Habana ha sido considerable pese al tamaño y los recursos limitados de la isla.
El especialista considera que Cuba consiguió generar simpatías entre personas con posiciones relevantes dentro de gobiernos extranjeros, algunas de las cuales terminaron realizando actividades favorables a los intereses cubanos.
Sin embargo, el debate está en determinar hasta qué punto esos casos demuestran una estrategia capaz de explicar movimientos políticos mucho más amplios dentro de Estados Unidos.
Cuba es vinculada con protestas y activismo de izquierda
El informe de Trump va más allá de los casos históricos de espionaje y sostiene que la influencia cubana puede rastrearse en distintos episodios de la política estadounidense reciente.
El documento menciona acontecimientos como las protestas posteriores a la muerte de George Floyd, el crecimiento de Antifa y el activismo relacionado con la guerra y otros conflictos internacionales dentro de universidades estadounidenses.
También señala a determinados activistas y figuras de redes sociales por realizar viajes a la isla que, según Washington, forman parte de una estrategia de “turismo revolucionario”.
Entre ellos aparece Hasan Piker, comentarista y streamer estadounidense que viajó a Cuba en marzo de 2026 junto con una comitiva que llevó ayuda humanitaria y difundió información sobre la crisis energética que enfrenta la población.
Piker denunció durante su estancia en la isla los efectos del bloqueo energético y acusó a Estados Unidos de ejercer una forma de “terrorismo económico”.
El historiador Bustamante considera que el viaje pudo convertirse en una herramienta propagandística para el gobierno cubano, pero advierte que eso es diferente a demostrar que los participantes estuvieran involucrados en espionaje o actividades subversivas.
La crisis energética de Cuba complica la narrativa de Trump
La nueva ofensiva estadounidense ocurre mientras Cuba atraviesa una grave crisis energética.
Según el material analizado por la BBC, la isla enfrenta apagones prolongados que han afectado incluso a servicios esenciales. El sistema eléctrico habría colapsado en varias ocasiones durante 2026, mientras la escasez de combustible también ha provocado problemas en otros servicios públicos.
La situación se agravó después de que Cuba dejara de recibir petróleo venezolano, en un contexto marcado por las acciones de Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro y por amenazas de imponer aranceles a países que envíen petróleo a la isla.
La falta de combustible también ha afectado la recolección de basura en La Habana, donde se han registrado acumulaciones de residuos.
Para los opositores al embargo estadounidense, estas medidas representan un castigo colectivo contra la población cubana. El gobierno de Trump, en cambio, sostiene que sus acciones buscan presionar al régimen para que permita mejores condiciones de seguridad y prosperidad para los cubanos.
¿Por qué Trump publica ahora el informe sobre Cuba?
Una de las preguntas centrales es por qué el Departamento de Estado decidió publicar en este momento un documento de esta magnitud.
Bustamante plantea dos posibles explicaciones. La primera tiene que ver con la política interna estadounidense, ya que el informe menciona directamente a políticos demócratas y puede convertirse en un argumento para el debate político rumbo a las elecciones de mitad de periodo.
La segunda posibilidad es de mayor alcance: que la construcción de una narrativa sobre Cuba como amenaza de seguridad nacional pueda servir para preparar el terreno ante futuras acciones más agresivas.
El historiador compara esta estrategia con el discurso empleado anteriormente respecto a Venezuela. Según su interpretación, Washington puede construir primero una narrativa sobre la amenaza que representa un gobierno para después justificar medidas de mayor alcance.
Bustamante advierte que sería ingenuo descartar completamente esa posibilidad, aunque el informe por sí mismo no demuestra que exista un plan militar contra Cuba.
Además, durante los últimos meses han circulado especulaciones sobre la presencia o influencia de China y Rusia en la isla, así como sobre una posible adquisición de drones iraníes por parte del gobierno cubano.

Cuba rechaza las acusaciones de Estados Unidos
El gobierno de Cuba respondió al informe de Washington y rechazó la interpretación presentada por la administración Trump.
Díaz-Canel sostuvo que la verdadera historia entre ambos países es diferente y afirmó que la Revolución Cubana ha tenido como principal objetivo defenderse de las agresiones estadounidenses.
El mandatario negó que La Habana haya actuado con la intención de perjudicar al pueblo estadounidense o de poner en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos.
La respuesta cubana coincide con la posición que el gobierno ha mantenido durante décadas frente al embargo y las sanciones estadounidenses: La Habana sostiene que las políticas de Washington constituyen una forma de presión económica y política contra la población de la isla.
La controversia, por lo tanto, vuelve a colocar a ambos gobiernos frente a narrativas completamente opuestas.
Mientras la Casa Blanca y el Departamento de Estado presentan a Cuba como una amenaza ideológica y de inteligencia que continúa activa, el gobierno cubano acusa a Washington de construir una justificación política para mantener y profundizar su presión sobre la isla.
Por ahora, el informe de 100 páginas marca una nueva etapa en la confrontación entre ambos países y abre interrogantes sobre las próximas decisiones de la administración Trump.
El debate no solamente gira alrededor del pasado de la Revolución Cubana, sino sobre si la influencia política y las operaciones de inteligencia atribuidas a La Habana representan actualmente una amenaza capaz de justificar nuevas acciones de Estados Unidos.
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