Con “Soy Frankelda”, el cine mexicano da un paso histórico al presentar su primer largometraje realizado en técnica stop-motion, una proeza artesanal que combina lo mejor de la animación clásica con una narrativa profundamente emocional. Dirigida por Roy y Arturo Ambriz, la cinta expande el mundo de la serie de culto Los sustos ocultos de Frankelda para contar el origen de su misteriosa protagonista.
Ambientada en el siglo XIX, la película sigue a Frankelda, una escritora mexicana que se adentra en su propio subconsciente para enfrentar los monstruos que ella misma creó. Acompañada por Herneval, un príncipe atrapado entre sueños y pesadillas, deberá restaurar el equilibrio entre la ficción y la realidad mientras se enfrenta al siniestro Procustes, un escritor que busca controlar ambos mundos.
Visualmente, “Soy Frankelda” es un espectáculo. Cada escenario fue construido a mano con cerámica, tela y madera, lo que dota a la película de una textura viva, tangible, que recuerda al trabajo de Tim Burton o Laika, pero con una identidad profundamente mexicana. La paleta cromática, rica en sepias, verdes y púrpuras, y la iluminación contrastante entre el mundo real y el onírico, crean una atmósfera gótica, nostálgica y mágica.
El diseño de personajes combina ternura y perturbación, reforzando el tono oscuro de la historia. En su fondo, la película reflexiona sobre la frustración creativa, la autoafirmación y la lucha entre lo viejo y lo nuevo, temas que resuenan tanto en su
“Soy Frankelda” no sólo es una pieza cinematográfica técnicamente impecable, sino también un manifiesto artístico: la imaginación como forma de resistencia y sanación. Su estética, su música y su meticuloso trabajo manual hacen que esta producción no tenga nada que envidiarle a los grandes estudios internacionales.
Y, como dato que realza su valor, Guillermo del Toro fungió como guía creativa y moral del proyecto, impulsando su desarrollo y reafirmando su confianza en el talento mexicano.






