El trabajo remoto llegó para quedarse. Lo que comenzó como una medida emergente se ha consolidado como una nueva forma de vida laboral. Sin embargo, detrás de sus beneficios —comodidad, ahorro de tiempo y flexibilidad— existe un problema silencioso que comienza a preocupar a especialistas: el aumento del sedentarismo.
Pasar largas horas frente a una pantalla, con poca o nula actividad física, está generando efectos importantes en la salud de millones de personas en todo el mundo.

El principal cambio con el trabajo remoto es la reducción del movimiento diario. Actividades como caminar al transporte, subir escaleras o desplazarse dentro de una oficina han desaparecido para muchos.
Esto ha incrementado el tiempo que las personas pasan sentadas, lo que se asocia directamente con problemas como aumento de peso, fatiga, dolores musculares y una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas.
Especialistas advierten que el sedentarismo prolongado puede elevar el riesgo de padecimientos como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares e incluso afectar la salud mental.
Uno de los efectos más visibles es el deterioro de la postura. Trabajar desde casa, muchas veces sin un espacio ergonómico adecuado, genera tensión en cuello, espalda y hombros.
Además, la falta de actividad física influye en la circulación sanguínea, el metabolismo y la energía diaria. Esto puede traducirse en cansancio constante, menor concentración y bajo rendimiento laboral.
El sedentarismo no solo afecta el cuerpo. También tiene un impacto directo en el estado emocional. La falta de movimiento y de interacción social puede contribuir a niveles más altos de estrés, ansiedad y síntomas depresivos.
La rutina repetitiva —trabajar, comer y descansar en el mismo espacio— puede generar una sensación de aislamiento que afecta el bienestar general.
Diversos estudios han señalado que, tras el auge del home office, el tiempo promedio que las personas pasan sentadas aumentó significativamente. Esto ha encendido alertas en organismos de salud, que consideran el sedentarismo como uno de los principales factores de riesgo del siglo XXI.
La combinación de tecnología, comodidad y jornadas prolongadas ha creado un entorno propicio para este problema.
Aunque el trabajo remoto no desaparecerá, especialistas recomiendan adoptar hábitos que contrarresten sus efectos:
Incluso pequeñas acciones, como caminar unos minutos o estirarse durante la jornada, pueden marcar una diferencia significativa.
El home office ha transformado la manera de trabajar, pero también ha puesto sobre la mesa nuevos desafíos. El sedentarismo es uno de los más relevantes, y su impacto podría intensificarse si no se adoptan medidas preventivas.
En un mundo cada vez más digital, cuidar la salud física y mental se vuelve una prioridad. Porque, aunque el trabajo se realice desde casa, el cuerpo sigue necesitando movimiento.
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