CIUDAD DE MÉXICO.– La existencia de una estética al interior del Senado de la República, reabierta en completo sigilo y clausurada horas después de hacerse pública, desató una nueva polémica sobre el uso de recursos públicos y los privilegios dentro del Poder Legislativo.

El espacio, cerrado desde 2018, volvió a operar sin anuncios visibles ni información pública, hasta que un reportaje del semanario Proceso expuso su reapertura. En respuesta, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo Juárez, negó que se trate de un gasto financiado por el erario.

Aseguró que los servicios son pagados directamente por las senadoras y senadores que los utilizan, y defendió la existencia del lugar como algo habitual en otros recintos legislativos.

No obstante, tras sus declaraciones, personal del Senado colocó sellos de suspensión en la estética, sin detallar las razones de la clausura, lo que incrementó las dudas y críticas.

La senadora del PRI, Carolina Viggiano, pidió transparencia sobre el uso del espacio, al señalar que, aunque los servicios sean privados, el inmueble y los servicios básicos pertenecen al Senado. En tanto, la panista Lilly Téllez afirmó que no haría uso de la estética y sostuvo que cada legislador debe hacerse responsable de su imagen.

El lugar operaba principalmente en días de sesión y, según versiones internas, era utilizado mayormente por legisladoras de Morena, PVEM y PT. Legisladoras de oposición señalaron que nunca fueron informadas de su existencia.

Aunque la Mesa Directiva defendió que la estética no contradice los principios de austeridad, la clausura inmediata dejó abiertas preguntas sobre su reapertura y funcionamiento.

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-Lizbeth Ledezma