Monterrey, N.L. — La noche del viernes 7 de noviembre de 2025, el Escenario GNP Seguros se desbordó de energía y rebeldía con el concierto de Molotov, que llegó a Monterrey con su gira “TXXXR” para celebrar tres décadas de música, crítica y actitud. El show se presentó con boletos totalmente agotados, confirmando que la banda sigue teniendo una conexión única con su público.

Desde el arranque, Paco Ayala, Randy Ebright, Micky Huidobro, Jay de la Cueva y Pato Machete encendieron el escenario con su característico estilo directo, provocador y lleno de fuerza. Guitarras estridentes, bajos marcados y una entrega total marcaron una noche que reafirmó el poder del rock mexicano.

El repertorio fue un recorrido por su historia, con temas que se han vuelto himnos para varias generaciones. Canciones como Gimme tha Power, Frijolero, Voto Latino, Amateur (Rock Me Amadeus) y Puto hicieron retumbar el recinto, mientras el público coreaba cada palabra con la misma intensidad de hace 30 años.

El ambiente fue explosivo: saltos, coros, risas y un constante “slam” frente al escenario. La producción del Escenario GNP Seguros acompañó la potencia del grupo con un sonido impecable, luces vibrantes y una energía que no bajó ni un segundo durante todo el concierto.

A lo largo de su carrera, Molotov ha enfrentado censura, polémicas y críticas por su estilo irreverente y letras sin filtros, pero precisamente esa autenticidad los ha convertido en un símbolo de resistencia musical. Desde su debut en los noventa, la banda ha sido voz de inconformidad, ironía y humor en un país donde no siempre se permite decir todo lo que se piensa.

Hoy, tras tres décadas, Molotov no solo mantiene su esencia, sino que ha consolidado su lugar como una de las mejores y más influyentes bandas de rock mexicano a nivel mundial. Su música ha cruzado fronteras, dejando huella en festivales internacionales y en la memoria colectiva de quienes crecieron gritando sus letras.

En resumen, el concierto de Molotov en Monterrey fue más que una celebración: fue una muestra de que el rock sigue vivo, ruidoso y libre. Una noche que unió generaciones bajo el mismo grito: “¡Molotov no se calla!”