Gusano del diablo es el nombre con el que se conoce a Halicephalobus mephisto, un diminuto nematodo que logró sobrevivir en condiciones que durante décadas parecían incompatibles con la existencia de animales complejos. El organismo fue encontrado a unos 1.3 kilómetros bajo la superficie terrestre, en aguas subterráneas de una mina de oro en Sudáfrica, donde soporta temperaturas cercanas a los 37 grados Celsius y una disponibilidad limitada de oxígeno.
El descubrimiento, presentado en 2011 en la revista Nature, cambió la percepción científica sobre los límites de la vida en el subsuelo. Hasta entonces, la biosfera profunda era asociada principalmente con microorganismos; encontrar un animal multicelular en semejante ambiente abrió nuevas preguntas sobre la capacidad de adaptación de los seres vivos y sobre cuánto queda todavía por descubrir debajo de nuestros pies.

El gusano que apareció en las profundidades
La historia comenzó con una búsqueda que parecía poco probable. El biólogo especializado en nematodos Gaétan Borgonie sospechaba que estos pequeños animales podían existir mucho más abajo de lo que se creía posible.
En 2008, Borgonie y otros investigadores llegaron a la mina de oro Beatrix, en Sudáfrica. Allí analizaron agua que circulaba por fracturas de la roca a gran profundidad. El líquido presentaba temperaturas de alrededor de 37 grados Celsius y procedía de un ambiente aislado de la superficie.
Los científicos filtraron más de 6,000 litros de agua en busca de organismos microscópicos. El resultado fue sorprendente: apareció un único nematodo que no correspondía con ninguna especie conocida.
El ejemplar tenía además una característica que complicaba todavía más la investigación. Durante el proceso de filtración perdió parte de su cola, una lesión que normalmente habría terminado con su vida.
Sin embargo, antes de morir produjo ocho huevos viables. Aquella circunstancia permitió a los científicos obtener descendencia y continuar el estudio del animal en condiciones controladas.
El organismo recibió el nombre de Halicephalobus mephisto, en referencia a Mefistófeles, la figura asociada con el inframundo en la tradición de Fausto. Su apodo, “gusano del diablo”, terminó siendo particularmente apropiado por el lugar extremo en el que fue encontrado.
Cómo sobrevive el gusano al calor extremo
El gusano del diablo no solamente soporta temperaturas elevadas: parece estar especialmente adaptado para funcionar mejor en ellas.
En el laboratorio, los investigadores comprobaron que el nematodo se comporta de manera muy diferente dependiendo de la temperatura. A unos 20 grados Celsius, su metabolismo disminuye considerablemente y su ciclo de vida puede prolongarse durante varios días.
En cambio, alrededor de los 37 grados Celsius, una temperatura que sería letal o muy perjudicial para otros organismos similares, el gusano puede desarrollarse y reproducirse con mucha mayor facilidad.
Los estudios genéticos publicados en 2019 aportaron una explicación. El genoma de H. mephisto mostró una expansión de proteínas conocidas como Hsp70, relacionadas con la respuesta celular frente al calor y otros tipos de estrés. Estas moléculas ayudan a proteger proteínas celulares cuando las condiciones ambientales son adversas.
La investigación continuó y en 2024 un estudio publicado en Communications Biology encontró otra adaptación llamativa. El complejo molecular encargado de parte fundamental de la respiración celular funciona de manera mucho más eficiente a 37 grados Celsius.
Cuando la temperatura desciende hasta 20 grados, este sistema prácticamente se apaga y el consumo de oxígeno cae de forma drástica. Como consecuencia, el ciclo de vida del nematodo puede hacerse aproximadamente cuatro veces más largo.
El gusano se alimenta en un mundo sin luz
A diferencia de los animales que viven en la superficie, el gusano del diablo habita un ecosistema donde no existe luz solar y los recursos disponibles son muy diferentes.
El nematodo se alimenta principalmente de microorganismos presentes en el agua y sobre las superficies rocosas. El estudio original publicado en Nature describió cómo estos animales pueden aprovechar las comunidades bacterianas que prosperan dentro de las fracturas de la corteza terrestre.
Las investigaciones realizadas en distintas minas sudafricanas también revelaron otros nematodos, hongos y diferentes organismos microscópicos. Esto demostró que las profundidades de la Tierra no son espacios completamente desprovistos de vida, sino ecosistemas complejos donde distintas especies interactúan.
Uno de los aspectos más interesantes es que el gusano puede reproducirse mediante partenogénesis, es decir, sin necesidad de un compañero. Esta capacidad podría resultar especialmente útil en un ambiente donde encontrar a otro individuo de la misma especie puede ser extremadamente difícil.
La reproducción asexual permite que una sola hembra produzca descendencia y mantenga la población incluso en condiciones de aislamiento.
El misterio de cómo llegó el gusano hasta allí
Aunque los científicos han logrado comprender algunas de sus adaptaciones, todavía existe una pregunta fundamental: ¿cómo llegó el gusano hasta semejante profundidad?
Una de las hipótesis plantea que determinados nematodos pudieron desplazarse desde ambientes superficiales hacia las profundidades a través del agua. Procesos geológicos, incluidos movimientos sísmicos, podrían haber facilitado el transporte hacia fracturas cada vez más profundas. El análisis genómico de H. mephisto también apunta a que el subsuelo pudo haber sido colonizado desde aguas superficiales.
La situación es todavía más intrigante cuando se observa el mundo microbiano de las profundidades.
Un estudio publicado en 2021 sobre Candidatus Desulforudis audaxviator, una bacteria hallada en distintos ambientes subterráneos, encontró una similitud genética extraordinaria entre poblaciones separadas geográficamente. Los investigadores plantearon que esta línea evolutiva pudo permanecer prácticamente aislada durante periodos que se remontan potencialmente al rompimiento de Pangea, hace entre 165 y 55 millones de años.
Esto no significa que el gusano del diablo tenga esa misma antigüedad en el subsuelo. La evidencia disponible apunta a escenarios diferentes y su historia evolutiva continúa siendo investigada.
Lo que sí demuestra es que la vida subterránea puede tener una historia mucho más compleja de lo que durante mucho tiempo imaginaron los científicos.

El gusano que cambió la idea sobre la vida
El hallazgo de Halicephalobus mephisto obligó a ampliar los límites conocidos de la biosfera terrestre. La investigación publicada en 2011 señaló que los nematodos podían sobrevivir en ambientes profundos, calientes y con poco oxígeno, ampliando la diversidad conocida de organismos multicelulares capaces de vivir bajo la superficie.
El descubrimiento también tiene implicaciones que van más allá de nuestro planeta. Si organismos relativamente complejos pueden sobrevivir en ambientes tan extremos dentro de la Tierra, estudiar sus adaptaciones podría ayudar a los científicos a comprender qué condiciones podrían permitir la existencia de vida en ambientes subterráneos de otros mundos.
El gusano del diablo sigue siendo, en ese sentido, mucho más que una curiosidad biológica. Es una muestra de que la vida puede ocupar espacios que durante mucho tiempo fueron considerados prácticamente inhabitables.
Y quizá la lección más importante se encuentre precisamente debajo de nuestros pies: la superficie terrestre no representa todo el mundo biológico que conocemos. Bajo kilómetros de roca, en aguas oscuras y calientes, existen comunidades capaces de resistir condiciones que desafían nuestra idea tradicional sobre dónde puede existir la vida.
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