La expansión de la actividad ganadera se ha convertido en el principal motor de la pérdida de bosques en México. De acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), más del 73 por ciento de la deforestación permanente registrada en el país está relacionada con la transformación de terrenos forestales en praderas para ganado.

El fenómeno ha sido constante durante más de dos décadas. Entre 2001 y 2024, México perdió en promedio más de 200 mil hectáreas de cobertura forestal cada año, y la gran mayoría de estos cambios se realizaron sin autorización oficial.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) permite únicamente un número limitado de cambios de uso de suelo anuales, lo que evidencia que una proporción significativa de estas transformaciones ocurre fuera del marco legal.

Además de la ganadería, cerca de una quinta parte de la deforestación también está vinculada a la expansión de actividades agrícolas.

El impacto se concentra principalmente en regiones de alta biodiversidad, como las selvas húmedas y secas, así como en zonas montañosas de clima templado, donde la pérdida de cobertura vegetal altera los ecosistemas y contribuye al deterioro ambiental.

Ante este panorama, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) trabaja en una estrategia que busca transformar el modelo ganadero actual hacia prácticas más sostenibles, con el objetivo de reducir emisiones contaminantes y frenar la deforestación.

El proyecto cuenta con el respaldo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que destacó la necesidad de atender el problema desde una visión integral que involucre a múltiples sectores.

La iniciativa plantea impulsar un sistema productivo que combine rentabilidad económica con responsabilidad ambiental, incorporando mecanismos como financiamiento verde, trazabilidad y nuevas prácticas de manejo territorial.