El gobierno de Estados Unidos anunció el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en al menos 14 aeropuertos del país, como parte de una estrategia para reforzar las operaciones ante la saturación que enfrenta la Administración de Seguridad del Transporte.
De acuerdo con autoridades federales, la medida busca aliviar la carga operativa en terminales aéreas con alta demanda, sin que implique un endurecimiento de acciones migratorias en estos espacios.
El encargado de la política fronteriza de la Casa Blanca, Tom Homan, explicó que los agentes del ICE desempeñarán tareas logísticas y de apoyo, como la supervisión de filas, el control de multitudes y la vigilancia de accesos, actividades que no requieren funciones especializadas en seguridad aeroportuaria.
Entre los aeropuertos contemplados se encuentran Aeropuerto Internacional O’Hare, Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, Aeropuerto Internacional de Newark, así como terminales en Filadelfia, Pittsburgh y Nueva Orleans.
El Departamento de Seguridad Nacional señaló que el despliegue responde a afectaciones operativas derivadas de la falta de personal en la TSA, situación que ha provocado largas filas y retrasos en distintos puntos del país.
No obstante, autoridades locales, como el alcalde de Atlanta, Andre Dickens, aclararon que los agentes no tienen como objetivo realizar detenciones relacionadas con estatus migratorio.
La medida ha generado críticas desde la oposición. La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, cuestionó el envío de personal sin la capacitación específica, mientras que el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, calificó la decisión como inaceptable.
El despliegue ocurre en medio de tensiones políticas por el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional, que enfrenta un cierre parcial tras varios intentos fallidos en el Senado para aprobar recursos, situación que ha impactado directamente en la operación de la TSA.






