Si algo está claro es que El agente secreto (2025) no vino a pasar desapercibida. La nueva película de Kleber Mendonça Filho ya es considerada una de las apuestas más ambiciosas del cine latinoamericano reciente, mezclando thriller político, estética setentera y una carga social que golpea directo.

Y la espera terminó: la cinta se estrena hoy, 26 de febrero, en las salas de cine de México, lista para que el público viva esta experiencia intensa en pantalla grande.

Desde su lanzamiento internacional, la película sorprendió con una aprobación perfecta de la crítica especializada, consolidándose como uno de los títulos más comentados del año. Su propuesta visual —con guiños al cine de género de los años 70 y una vibra cercana al grindhouse— no solo atrapa por su estilo, sino por la forma en que aborda el trauma que dejó la dictadura en Brasil.

Wagner Moura se luce en un papel poderoso

Gran parte del impacto de la historia recae en Wagner Moura, quien interpreta a un hombre perseguido por el sistema en el Recife de 1977. Su actuación ha sido descrita como intensa y magnética, cargando con el peso emocional de un personaje que vive bajo constante tensión.

Para el director, esta película representa un paso firme en su carrera, tomando la sensibilidad nostálgica que exploró en Retratos Fantasma y combinándola con la energía cruda que marcó a Bacurau, pero llevando todo a un terreno más arriesgado y político.

No es para quienes buscan acción rápida

Aunque el entusiasmo crítico ha sido total, entre el público las opiniones están más divididas. Muchos destacan la atmósfera inmersiva, el uso de música de época y la reconstrucción detallada del Brasil de finales de los setenta.

Sin embargo, sus 2 horas y 40 minutos y su ritmo pausado pueden sentirse exigentes para quienes esperan un thriller convencional lleno de acción inmediata. Aquí no hay explosiones cada cinco minutos: hay tensión sostenida, silencios incómodos y una narrativa que se cocina a fuego lento.

Lo que sí es un hecho es que El agente secreto llega a México generando conversación. Es incómoda, estilizada y profundamente política. Y justo por eso, imposible de ignorar.