China busca que termine la guerra con Irán, pero su estrategia contempla una salida negociada que preserve los intereses de Teherán, una posición que difiere de los objetivos planteados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El tema forma parte de las conversaciones entre Beijing y Washington durante la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos.
Días antes del encuentro entre Xi y Trump, el gobierno chino recibió al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en una señal de los canales de comunicación que mantiene Beijing con Teherán. De acuerdo con la BBC, China ha pedido de manera reiterada el fin de las hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz.

Desde el inicio de la guerra, China ha condenado los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y las sanciones aplicadas por Washington contra Teherán. Al mismo tiempo, Beijing ha llamado a detener el conflicto y ha defendido la necesidad de recuperar la navegación por el estrecho de Ormuz, una ruta fundamental para el comercio energético mundial.

China y Xi Jinping ante el conflicto con Irán
La analista Andrea Ghiselli, especialista en China y Medio Oriente de la Universidad de Exeter, explicó a la BBC que Beijing busca evitar que el conflicto se convierta en un nuevo punto de fricción con Estados Unidos, pero sin abandonar los intereses considerados fundamentales para Irán.
China e Irán mantienen una relación estratégica y económica, mientras Beijing se ha opuesto públicamente a las sanciones unilaterales impuestas por Washington. Reuters también ha reportado que ambos países mantienen mecanismos comerciales que permiten continuar intercambiando petróleo y productos pese a las restricciones estadounidenses.
La prolongación del conflicto también representa un problema para China debido a su dependencia del petróleo importado. La Administración de Información Energética de Estados Unidos señaló que China es el mayor importador mundial de crudo y que en 2024 recibió una parte importante de sus suministros desde Medio Oriente.
Beijing ha logrado sustituir parte de los volúmenes que anteriormente obtenía de Irán y otros productores del Golfo mediante compras a Rusia, Brasil y otros exportadores. Sin embargo, la interrupción prolongada de las rutas marítimas puede elevar los costos y complicar el suministro.

China y Donald Trump durante las negociaciones
China también cuenta con importantes reservas de petróleo. Una estimación de la Administración de Información Energética calcula que sus inventarios estratégicos alcanzaron casi mil 400 millones de barriles al cierre de 2025, aunque los datos exactos no son públicos y dependen de estimaciones externas.
La capacidad de almacenamiento ofrece a Beijing un margen para absorber interrupciones, aunque el país ya ha recurrido a sus reservas durante algunos meses de 2026. Reuters reportó que China retiró alrededor de 639 mil barriles diarios de sus reservas en agosto.
Mientras Beijing pide una solución negociada, la administración Trump ha incrementado la presión económica contra Teherán. Washington ha advertido sobre posibles sanciones contra empresas, bancos y países que apoyen la economía iraní.
China no ha aceptado públicamente incorporarse a la campaña estadounidense de presión financiera contra Irán y sostiene que las sanciones unilaterales son contrarias al derecho internacional. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha aplicado sanciones contra algunas empresas y entidades chinas relacionadas con el comercio iraní.
El bloqueo naval estadounidense también ha reducido considerablemente las exportaciones de petróleo de Irán. Reuters informó que los envíos pasaron de unos dos millones de barriles diarios en marzo a entre 220 mil y 255 mil barriles diarios en agosto.
Esta situación limita la capacidad de Teherán para vender crudo a China por vía marítima y aumenta la importancia de rutas alternativas. Sin embargo, desafiar directamente el bloqueo estadounidense supondría para Beijing un nivel mayor de confrontación con Washington.
De acuerdo con los especialistas citados por la BBC, China podría desempeñar un papel para facilitar el regreso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. La estrategia tendría como objetivo reducir el conflicto sin provocar una ruptura con Teherán ni una confrontación directa con Washington.
Ghiselli señaló que Beijing podría incluso presionar a las autoridades iraníes para aceptar determinadas concesiones que permitan a Trump presentar un acuerdo como un logro político y utilizarlas como argumento para terminar la guerra.
Sin embargo, la eventual salida negociada no se limitaría a las exigencias estadounidenses. China buscaría que cualquier acuerdo contemple beneficios concretos para Irán, como el levantamiento de sanciones, el acceso a fondos congelados y el fin de los ataques militares.
El escenario también representa un riesgo para la economía china. La CSIS señala que las exportaciones netas representaron 32.7 por ciento del crecimiento del PIB chino en 2025, la mayor proporción desde 1997.

China y su relación estratégica con Irán
Una crisis energética y comercial prolongada podría afectar a una economía que ya enfrenta problemas inmobiliarios, endeudamiento de gobiernos locales y un consumo interno débil.
Por ahora, China mantiene una posición que combina presión diplomática para terminar la guerra, defensa de sus vínculos con Irán y cautela frente a una confrontación directa con Estados Unidos. El resultado de las conversaciones entre Xi y Trump podría definir el margen de Beijing para impulsar una salida negociada al conflicto.
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