El Día de Muertos se ha convertido en una fiesta tan original como representativa de la cultura mexicana, globalizada en los últimos años gracias, en primer lugar, al reconocimiento de la Unesco al declararla Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2003.
Este año, han decidido la temática de la migración, para recordar a todas las personas que se han muerto sin poder cumplir sus sueños.
También el séptimo arte ha incluido filmes en donde se difunde las tradiciones mexicanas, un ejemplo de esto es la película “Spectre”, de James Bond, que apostó en el rodaje por un desfile del Día de Muertos en México. El pasado año, la película de animación de Disney “Coco” se sumó a una larga lista de largometrajes que abordan esta ancestral tradición.
Todo en México en estos días se transforma en el color y el olor de las flores, en el sabor de sus dulces y en la alegría de los disfraces para celebrar la vida en contraposición a la muerte, que es en realidad lo que se recuerda y a quien se homenajea a través de los seres queridos.
Se trata de una festividad que mezcla sus raíces aztecas con tradiciones cristianas de la época colonial española y que hoy se ha convertido en un ritual cargado de simbolismo y que traspasa fronteras.
Este año, la celebración del Día de Muertos lleva aparejada la temática de la migración para recordar a todas las personas que mueren sin poder cumplir sus sueños. Desde el pasado 27 de octubre y hasta el próximo domingo 4 de noviembre, la Ciudad de México se convierte en el escenario de distintas actividades en torno al Día de Muertos: un desfile multitudinario, la gran ofrenda del Zócalo, un paseo nocturno en bicicleta… aunque las jornadas más importantes siempre son el día 1, dedicado a las almas de los niños, y el día 2, reservado para las almas de los adultos.
La tradición se basa en la creencia de que la muerte es una parte natural de la experiencia humana y del ciclo de la vida. Para los mexicanos las personas fallecidas ni se pierden para siempre y mucho menos se las olvida, sino que continúan existiendo como lo hicieron en sus vidas y vuelven a visitar a los vivos cada año en estas fechas. Por tanto, en lugar de ser un momento de tristeza, el Día de los Muertos sirve para recordar y a la vez festejar. Los espíritus de los seres queridos que han muerto son los invitados de honor a la hora de visitar a los vivos estos días.
El origen de la celebración del Día de Muertos en México hay que situarlo mucho antes de la conquista de América. Hay constancia de rituales en las etnias mexica, maya purépecha y totonaca, así como también entre los pueblos prehispánicos, que conservaban los cráneos de los fallecidos como trofeos y los exhibían durante las celebraciones para simbolizar la muerte y a la vez el renacimiento.
El personaje más característico y protagonista del Día de Muertos, convertido ya en un símbolo dentro y fuera de México: la Catrina. La palabra proviene de “catrín”, que definía a un varón elegante y bien vestido, con pantalón a rayas, bombín y bastón, que era como se engalanaban los hombres de clase social alta para presumir y exhibirse mientras paseaban por las calles del centro histórico de la Ciudad de México, a ser posible acompañados de alguna mujer con las mismas características. Tan populares se hicieron los presumidos galanes que su imagen llegó a formar parte de un juego de cartas muy popular en México al que se denominaba Lotería, y en las que se representaban los diferentes ámbitos de la cultura popular del país.

La Catrina es una figura femenina con más de un siglo de historia creada por el caricaturista mexicano José Guadalupe Posada. Originalmente se llamó “La Calavera Garbancera” porque representaba a las mujeres humildes que querían aparentar lo que no eran y lucir como las damas de la alta sociedad. Garbanceros eran los indígenas que vendían garbanzos y también designaba a los que negaban sus raíces y se creían españoles.
Pero todo cambió cuando el muralista Diego Rivera la bautizó como Catrina, inmortalizándola en su famoso cuadro mural titulado ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’ (1947). En ese cuadro la calavera está en primer plano con la indumentaria con la que se eternizó: desgarbada, con sonrisa casi burlona, adornada con su estola de plumas y con su característico sombrero de ala grande, igualmente emplumado, junto a su primer creador, José Guadalupe Posada, y a la reconocida Frida Kahlo, y tomando de la mano al propio muralista.
El desfile estuvo dividido en dos partes y a su vez en seis segmentos, que incluyen carros alegóricos de cuatro estados invitados: Aguascalientes, Oaxaca, Michoacán y San Luis Potosí. La primera etapa se llamó “La muerte es un viaje” e incluyó los segmentos denominados travesía de la muerte, migración, tránsito y el último viaje.
La segunda etapa, por su parte, se denominó “La gran Tenochtitlan” y reflejó el pasado prehispánico y el origen de los grandes desplazamientos migratorios en el Valle de México. Por la noche, los participantes, acompañados de las calaveras monumentales, de la música, la fiesta y el baile llegaron al Zócalo que emula un cementerio iluminado por la noche, para realizar la denominada megaofrenda con la temática este año de los migrantes.
Redacción/El Nacional