Redacción/El Nacional
Una joven de 15 años se había realizado un tatuaje que cubría una gran parte de su espalda, sin jamás sospechar que la tinta le provocaría un “extraño cáncer”.
Los médicos australianos creyeron que se trataba de un linfoma o un tipo de cáncer, pero luego de una inspección notaron otra cosa, el “cáncer” no era sino una bola de tinta negra que pertenecía al tatuaje.
El sistema inmunológico habría asimilado el pigmento a tal grado que las células fueron formando un ganglio linfático alrededor de este. Lo que comenzaba con bultos debajo de los brazos de la mujer de ahora 30 años, acabó siendo un descubrimiento que fue documentado por la revista Annals of Internal Medicine.

Afortunadamente, las molestias de la mujer no habían sido provocadas por un cáncer, sino por el comportamiento de un grupo de células que interpretó la presencia de la tinta como una invasión que debía combatirse.
Al detectar el problema, los médicos extrajeron el ganglio de su axila y descubrieron un cúmulo de células inmunes repletas de pigmento negro, lo que permitió que esa tinta no solo viajará de la espalda a la axila, sino que se mantuviera ‘fresca’ durante todo este tiempo.