Ablación persiste en Colombia como una práctica que continúa afectando a niñas en comunidades indígenas, generando graves consecuencias físicas, psicológicas y sociales.

El caso de una mujer indígena emberá evidenció la crudeza del problema, luego de que su hija fuera sometida a mutilación genital sin su consentimiento cuando tenía apenas seis meses de edad, provocándole infecciones y secuelas permanentes.

La mutilación genital femenina, definida por la Organización Mundial de la Salud, implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos y puede causar hemorragias, infecciones, complicaciones en el parto e incluso la muerte.

En Colombia, esta práctica se ha identificado principalmente en comunidades emberá, especialmente en regiones como Risaralda, donde autoridades reconocen un subregistro significativo de casos debido al aislamiento geográfico.

Datos oficiales señalan decenas de casos en los últimos años, aunque especialistas advierten que la cifra real podría ser mayor, al no documentarse muchos eventos que ocurren fuera del sistema de salud.

Activistas, médicas y lideresas indígenas han impulsado campañas de concientización y educación para erradicar la ablación, enfrentando resistencia cultural, amenazas y barreras lingüísticas.

Actualmente, el Congreso colombiano analiza una iniciativa para prevenir y eliminar esta práctica, priorizando la educación sobre la penalización, con el objetivo de evitar más muertes y proteger a las niñas.

—Emiliano Lira