Animales lograron adaptarse a la vida terrestre gracias al desarrollo de la lengua, un órgano que evolucionó para facilitar la alimentación una vez que los vertebrados dejaron el medio acuático.

De acuerdo con especialistas en evolución, los peces obtenían alimento mediante succión, pero en tierra fue necesario crear un mecanismo que permitiera capturar y mover la comida hacia la garganta.

A partir de esa transformación surgieron lenguas altamente especializadas, como las pegajosas de las ranas, las largas de los osos hormiguero, las prensiles de las jirafas y las bífidas de las serpientes.

En los seres humanos y otros mamíferos, la lengua también cumple funciones relacionadas con el habla, la percepción del gusto y la protección de las vías respiratorias durante la deglución.

Los investigadores subrayan que este órgano representa una de las adaptaciones evolutivas más importantes para la supervivencia de numerosas especies.