La reciente crisis en el estrecho de Ormuz dejó al descubierto una nueva realidad geopolítica: Irán ha demostrado que posee la capacidad de afectar de forma significativa el tránsito energético mundial mediante el control de una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

Especialistas consultados por diversos centros de análisis consideran que, incluso si Washington y Teherán alcanzan un acuerdo en los próximos meses, la capacidad iraní para influir sobre el estrecho seguirá siendo un factor determinante para los mercados internacionales.

Antes del conflicto, cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado transitaba por esta vía estratégica, por lo que cualquier interrupción tiene repercusiones inmediatas en la economía global.

Analistas sostienen que esta capacidad de presión energética podría convertirse en una de las principales herramientas de influencia regional de Irán durante los próximos años.