La guerra en Medio Oriente entró en una nueva fase de escalada luego de que Israel anunciara la muerte de Esmail Khatib, ministro de Inteligencia de Irán, en un ataque nocturno sobre Teherán. Horas más tarde, el presidente iraní Masoud Pezeshkian confirmó el fallecimiento del funcionario, al que calificó como víctima de un “cobarde asesinato”, en uno de los golpes más directos contra la cúpula del régimen iraní en los últimos días.
La jornada también estuvo marcada por un ataque contra South Pars, el mayor campo gasífero del mundo y pieza clave del suministro energético iraní. El bombardeo provocó un incendio en la zona de Asaluyeh y encendió las alertas del mercado internacional, impulsando el precio del crudo ante el temor de una interrupción más severa en el flujo de hidrocarburos desde la región. En respuesta, Teherán lanzó advertencias contra instalaciones energéticas de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, elevando el riesgo de una expansión regional del conflicto.
En Washington, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, sostuvo ante el Senado que Irán no ha intentado reconstruir su programa nuclear desde que fue destruido en junio de 2025. No obstante, también advirtió que, si el régimen sobrevive a la guerra, buscará reconstituir sus capacidades militares, pese a encontrarse hoy “muy debilitado”.
La crisis también se trasladó al mar. La Organización Marítima Internacional abrió en Londres una reunión de emergencia para analizar un corredor seguro que permita evacuar a unos 20 mil marineros atrapados en el Golfo, donde cientos de embarcaciones permanecen inmovilizadas por la amenaza iraní sobre el estrecho de Ormuz, una vía por la que normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas del mundo.
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-Lizbeth Ledezma






