Los médicos en Santiago lucharon durante semanas para salvar la vida de “don Jaime”, de 76 años, pero la semana pasada reconocieron que no podrían ayudarlo a superar el coronavirus y permitieron a su familia llegar al hospital para despedirse.

En todo el mundo, la necesidad de frenar la propagación del virus ha impedido que los pacientes puedan ver a sus familias al final de sus vidas. Una de las mayores crueldades de la pandemia que ha dejado casi medio millón de muertos en el mundo es que muchas personas han fallecido solas, apenas con la suerte de despedirse a través de una pantalla de tablet o celular.

Sin embargo, los jefes médicos del Hospital Clínico de la Universidad de Chile en Santiago decidieron permitir visitas familiares y, siempre que sea posible, crear un espacio para una despedida al final de sus días.

Los visitantes son examinados para detectar el coronavirus y reciben el mismo equipo de protección utilizado por los médicos, antes de ser guiados a las salas de vidrio selladas donde se alojan los pacientes con COVID-19. Hasta ahora, la UCI del hospital ha evitado cualquier caso de contagio entre su personal.

Redacción/El Nacional