Redacción / El Nacional

Kinky no se nace, ¡se hace! ¡Así es! Cualquier mujer o cualquier hombre pueden convertirse en una o un amante kinky. ¿Cómo? Bueno, hay que estar preparados para imaginar, fantasear y animarse al sexo atrevido, espontáneo, pícaro, explosivo y un poco salvaje.
Sexo en lugares públicos, sobre la mesada de la cocina o en el medio del mar son algunos ejemplos de los escenarios que podría elegir un amante kinky y que, sin duda, renuevan la pasión en la pareja y le suman risas y alegría.
En caso de que te encuentres un poco falta de imaginación, recuerda que la literatura y el cine eróticos pueden funcionar como poderosas fuentes de inspiración. Una mujer kinky siempre guardará en su mesita de noche unas esposas, una pluma o una venda de seda, mientras que el hombre kinky sentirá devoción por pronunciar palabritas de alto voltaje al oído de su pareja.
Y si ambos quieren convertirse en una pareja de amantes kinky, ¡entonces también podrán trabajar juntos! Pueden elaborar una lista con propuestas sexuales, ir de compras a un sexshop e incorporar algunos juguetitos durante el encuentro íntimo, regalarse unos masajitos eróticos y/o animarse a los juegos de rol, por ejemplo.
A continuación, repasamos punto por punto todas las cosas que necesitas tener en cuenta para convertirte en una amante kinky.
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