La mayoría de los niños del equipo de fútbol infantil, que quedaron atrapados por dos semanas en una cueva en Tailandia, comenzaron una ceremonia para convertirse en monjes budistas.

Los menores se unieron a los bonzos del tempo, en la provincia de Chiang Rai, en una serie de retos y ofrendes espirituales, que continuará con los ritos purificación, donde se afeita el pelo de los futuros monjes.

Las familias de los rescatados prometieron que los niños entrarían en el monasterio una vez fueran rescatados para agradecer su regreso y en honor al buzo voluntario fallecido, Samar Kunan.

El gobierno tailandés ha recomendado al grupo que vuelva a su vida normal y que evite convertirse en el centro de los medios de comunicación.