Redacción/El Nacional
Luego de darse a conocer el suicidio de la ex mánager, de Rose McGowan, la familia de Jill Messick culpa a la actriz de haber detonado la decisión de la mujer tras su batalla contra Harvey Weinstein.
“Jill Messick era madre de dos niños, una esposa y compañera cariñosa, una amiga muy querida para muchos y una trabajadora muy inteligente. También era una superviviente, librando en secreto durante años una batalla contra la depresión, que había sido su mayor némesis. Hoy no consiguió sobrevivir. Jill se ha quitado la vida”, inicia un largo comunicado público emitido por su familia.
Jill Messick trabajó junto a McGowan, durante la primera etapa de la carrera de la actriz, tiempo en que asegura haber sido víctima de una violación a manos del productor Weinstein en el Festival de Cine de Sundance.
La familia de la ex mánager, quien padecía problemas de depresión, responsabilizan a McGowan alegando que la sobreexposición mediática a la que se había visto sometida la ejecutiva en los últimos días y el daño que había sufrido su reputación fueron demasiado para ella:
“Ver su nombre una y otra vez en los titulares, como parte de los intentos de una persona de ganar notoriedad para su cruzada personal, sumado a los intentos desesperados de Weinstein por justificarse, acabó sobrepasándola. Le destrozó, justo ahora que estaba encarrilando su vida”.

En cuanto a las declaraciones de la actriz en las que mencionaba que no había recibido el apoyo que esperaba por parte de Messick, la familia declaró: “Lo más irónico de todo es que Jill fue la primera persona en defender a Rose, y en avisar a sus jefes de la agencia de representación Addis Wechsler de la terrible experiencia por la que había pasado su cliente”.
Asimismo, aseguran que Rose McGowan nunca utilizó la palabra “violación” en presencia de ella para describir la situación:
“Todo lo que ella sabía era que el asunto había quedado cerrado y que Rose seguía haciendo películas con los Weinstein. Nunca conoció más detalles al respecto, hasta que Rose decidió hacerlos públicos”.

Por último, la familia de Jill ha querido recordar a toda la industria que las “palabras tienen poder” y deben ser empleadas de manera responsable:
“Mientras tratamos de arrojar luz a las esquinas más oscuras en busca de verdaderas ocultas, debemos recordar que lo que decimos, especialmente frente a los medios, puede tener un impacto mayor incluso que nuestros actos. Debemos exigirnos más, a nosotros mismos y a los demás. Debemos pararnos a considerar las ramificaciones y consecuencias de nuestras declaraciones. La vida de alguien puede depender de ello”.