“La idea es producir un dispositivo que pueda reemplazar las inyecciones intramusculares, con la ventaja de que no habría contacto físico entre el dispositivo y el paciente y, por lo tanto, no existiría el riesgo de contaminación ni tampoco dolor”, detalló.
“La clave para generar los chorros de alta velocidad consiste en calentar el agua muy rápido sin que llegue a hervir. La temperatura límite para calentar el liquido es de aproximadamente 300 grados Celsius. Al llegar a esta temperatura, el liquido sufre una transición de fase explosiva, es decir, cambia de liquido a vapor, generando una burbuja que se expande y colapso en tan solo 300 microsegundos. La expansión de la burbuja desplaza el liquido empujándolo a través del canal. El diseño del canal permite aumentar la velocidad del liquido hasta unos 100 metros por segundo, una velocidad suficientemente rápida como para romper la piel”, explicó el especialista.

“Con ello no existiría el riesgo de contaminación ni tampoco dolor, ya que el tamaño del chorro reduce el riesgo de afectar nervios”, aseguró.
“Nos falta también estudiar cómo la viscosidad del líquido afecta la velocidad y penetración del chorro. Si el líquido es muy viscoso, la velocidad con que va a salir el chorro es menor por la fricción con las paredes. Hay sistemas comerciales de agujas que usan aire a presión o resortes, pero el problema es que solo producen un disparo a la vez. Con nuestro sistema podemos producir hasta cuatro mil disparos por segundo”, explicó Ramos.
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